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Formamos estudiantes que obedecen a leyes y mandatos con un fin individualista: una fábrica de políticos corruptos

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Bladimir Ramos
El derecho a la educación como bien lo establecen los principales instrumentos internacionales y nuestras respetivas constituciones nacionales y específicamente la Convención relativa a la lucha contra las discriminaciones en la esfera de la enseñanza, en el artículo 5, apartado A “La educación debe tender al pleno desenvolvimiento de la personalidad humana y a reforzar el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, debe fomentar la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos raciales o religiosos, y el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.”

Con el derecho constitucional que se le otorga a todo ser humano de ser educado en un centro de estudio gratuitamente se busca desarrollar todas las potencialidades del ser humano y ponerla a disposición del bien colectivo bajo un ambiente de respeto y entendimiento de que los valores son universales y generales, y por tanto, individuales, en cuanto se refiere a la equidad e igualdad de condiciones.

El derecho a la educación, es quizás el más significativo, en términos de impacto en la incentivación de todos los demás derechos que les pertenecen a todo ser humano desde el momento en que nace. Sabemos, que las personas en su mayoría, infringen los derechos de los demás, tal vez, este gran insulto hacia nuestros iguales tiene que ver con el desconocimiento rapante de los derechos humanos, razón por lo que entiendo se violentan cada día más los derechos de los demás. Estimo que al no conocer que cada ser humano tiene unos derechos que les corresponden desde la concepción; la maldad, la represión, la infidelidad, la traición, la deslealtad, el robo, la matanza y tantos flagelos más, se ven como algo normal y permitido para la raza humana.

Lo cierto es que a través de la educación en y para los derechos humanos, pueden ser canalizadas y encaminadas las mejores conductas del ser humano. La educación contempla en sus propuestas curriculares el desarrollo íntegro del ser humano, fomentando e impulsando los valores humanos, el respeto, la paz, la compresión y otros, desarrollando de esta manera, los derechos universales, particulares, independientes y demás.

De ahí, que tanto la educación y el derecho a la educación deben estar siempre concatenados, pero deben estarlos, no solo para el cumplimiento de la escolaridad, entiéndase esta para la instrucción elemental del conocimiento, esta práctica debe ser vinculada, con los valores y derechos del ser humano.

Si de verdad se quiere desarrollar la potencialidad íntegra del ser humano, el conocimiento de las materias básicas y demás, en su desarrollo debe ser enlazado, tanto en la teoría como en la práctica con los derechos del ser humano, porque formar un individuo frío, sin la capacidad de sentir, palpar, llorar, conmoverse y solidarizarse con los demás, es incurrir en la formación de máquinas que obedecen a leyes y mandatos con un fin individualista y apegado al egocentrismo, de ahí, que sea tan importante la flexibilización del currículo escolar, y no solo limitarse a esos planteamientos racionales que emergen de las clases educacionales totalmente objetivas y cerradas, y digo cerradas refiriéndome a esas clases que no se interesan en la verdadera realidad del ser humano que nace desde el seno de cada sentimiento del educando.

Planteo esta situación, porque todavía falta mucho, por lo menos en mi país, República Dominicana, para que el profesorado entienda, que educar en y para los derechos humanos, asegurará una sociedad, de menos políticos corruptos, de profesionales más responsables y de familias con mucho más estabilidad emocional y material.

Es bueno que se entienda que educar en derechos humanos, como bien dice Ana María Rodino, en su Propuesta curricular y metodológica para la incorporación de la educación en derechos humanos en la educación formal de niños y niñas entre 10 y 14 años de edad “significa que todas las personas—independientemente de su sexo, edad, ocupación, origen nacional o étnico y condiciones económicas, sociales o culturales—tengan la posibilidad real de recibir educación sistemática, amplia y de buena calidad que les permita: comprender sus derechos humanos y sus respectivas responsabilidades; respetar y proteger los derechos humanos de otras personas; entender la interrelación entre derechos humanos, Estado de Derecho y gobierno democrático, y ejercitar en su interacción diaria valores, actitudes y conductas coherentes con los derechos humanos y los principios democráticos”.

Por esta razón, la educación en y para los derechos humanos, debe entenderse como democrática no solo porque el Estado lo financie con recursos humanos y materiales, edificaciones, nutrición; no. Ese, solo es unos de los tantos deberes de una educación democrática y participativa.

La educación en y para los derechos humanos no solo es una obligación de la educación formal; sí, se entiende que sobre la educación formal pública recae la mayor responsabilidad, pero la familia, el vecino, el amigo, el profesor, el comunicador; todos (as) debemos involucrarnos en tan noble labor, ¿Cómo lograr que las personas se involucren para que la educación en derechos humanos se cumpla, tal como es planteado en los documentos constitucionales de cada país, esto es, que el ser humano sea educado con el fin de respetar y velar por la paz?

La primera formación y la más determinante la recibimos en nuestras familias, en ese núcleo social encargado de dictarnos e inculcarnos esos valores tan trascendentales como: la solidaridad, el amor, la paz, el compañerismo, la piedad, el respeto, la dignidad y otros valores no menos importantes, pero ¿no necesitan esos padres, de esas familias, previamente, haber recibido una formación académica, teórica y práctica que les enseñara y les transmitiera ese espíritu latente de hacer las cosas bien, de exigir y respetar los derechos de los demás? Esto, solo se consigue si el docente se vuelve consciente y actúa con una conciencia clara de lo que verdaderamente nos puede ayudar a cambiar el mundo.

La educación es un eje trasversal para el fomento y el acrecentamiento de los derechos humanos. Los derechos humanos descansan en la educación, y una educación de calidad descansa en el robustecimiento de esos derechos humanos fundamentales, por tanto, la educación y el derecho a la educación deben estar fusionados.

Citaré lo que dice Francisco Antonio Pacheco al respecto en su ensayo La relación de la educación en derechos humanos con el derecho a la educación “La buena educación, la educación sólida fortalece lo mejor de la vida social precisamente abriendo espacios, permitiendo que cada vez más personas tengan tolerancia y ayuden solidariamente a los demás, muy particularmente a quienes son sutilmente discriminados. La educación, cuando se plantea de manera correcta, enseña a despojar la cultura del autoritarismo que segrega y muestra que la imposición debe reservarse exclusivamente para los casos en que se requiera de manera inevitable y, sobre todo, sin olvidar nunca la defensa de las personas. La educación bien enfocada, ayuda a comprender los fenómenos sociales, particularmente el autoritarismo y sus imposiciones equivocadas —sutiles o no”.

Solo si se conoce, se puede hablar con conocimiento de causa, por esa razón cuando conocemos teóricamente los derechos humanos, cuando nos documentamos por la vía que sea, desarrollamos el don de la palabra y esto nos ayudará a combatir las atrocidades y violaciones de los derechos particulares e individuales a través de argumentaciones que se complementarán con nuestros actos, de ahí, que el conocimiento de los derechos humanos en materia teórica y práctica sea tan importante, y qué mejor canal de fortalecimiento y difusión que la propia educación.

La señora Ana María Rodino dice que “La meta última de la educación en derechos humanos es construir sociedades donde no se atropelle la dignidad humana. No es suficiente denunciar o castigar los abusos después que han ocurrido: hay que evitarlos. En la medida en que cada persona aprenda a reconocerse como sujeto pleno de derechos, será capaz de ejercerlos y defenderlos y a la vez, de respetar y defender su ejercicio por parte de las demás personas. La educación en derechos humanos es un medio para promover tal reconocimiento y defensa y, por tanto, un instrumento concreto de prevención de violaciones a los derechos humanos. Al mismo tiempo, propicia la convivencia pacífica y democrática, cada día más respetuosa de la vida y las libertades individuales, más inclusiva, igualitaria, justa y solidaria para todos y cada uno.”

Los derechos humanos, necesitan de la educación para ser inculcado en todo ser humano, deben estar presentes en todas las propuestas curriculares que se elaboren; sin embargo, así como los derechos humanos necesitan de la educación, la educación necesita del conocimiento y aplicación de los derechos humanos en sus estructuras educacionales porque los derechos humanos surgen de lo más profundo del ser humano, y solo con ellos, puede despertarse una conciencia crítica y activa en los educandos, entiéndase entonces que tanto la educación como el derecho a la educación en toda la extensión de la palabra, deben ir de la mano para la transformación del ideal mundial del ser humano, que debe ser intervenido urgentemente por el fenómeno eminente de la inversión de valores que nos está arropando.

¡Lo malo está pasando al plano de lo bueno y lo bueno se está pasando al plano de lo malo!

El autor es licenciado en Filosofía y Letras, escritor y gestor cultural.
email: Bladimirrb9@gmail.com

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