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La caja ya no es tan tonta
Por Eduard Tejada*
En círculos intelectuales y artísticos era motivo de orgullo decir “no pierdo mi tiempo viendo televisión” o “en mi casa no hay televisión”, pero de un tiempo a esta parte la verdad es que ver televisión ya no es una actividad tan insulsa.
Claro que todavía hay mucha basura en la pequeña pantalla y contenido que te hace dudar sobre la existencia de vida inteligente en el planeta, pero si buscas con cuidado te vas a encontrar con verdaderas joyas del arte narrativo.
Los críticos incluso hablan de una nueva edad de oro de la televisión y sitúan su inicio en una serie: Los Soprano.
Por allá por 1999, HBO nos presentaba la historia de Tony Soprano, un mafioso de Nueva Jersey que trata de compaginar sus actividades criminales con la vida familiar.
Esta serie nos acostumbró a la figura del antihéroe, es decir, la historia no gira en torno a un personaje noble sino que se enfoca en un protagonista que se guía por su propia brújula moral, esforzándose por definir y construir sus propios valores opuestos a aquellos impuestos por la sociedad en la que vive.
Los Soprano ha sido considerada como la serie mejor escritas de la historia. Veintiún Premios Emmy y cinco Globos de Oro evidencian el gran nivel artístico que esta producción alcanzó mientras estuvo en el aire. Con ella se inició una tendencia hacia el contendido televisivo de calidad.
Uno de los productores ejecutivos de Los Soprano, Matthew Weiner, se acerca a la cadena AMC con un proyecto que había sido rechazado por HBO y FX, se trataba de Mad Men.
Mad Men se estrenó el 19 de julio del 2007 y cosechó grandes elogios de la crítica. El personaje principal es Don Draper, director creativo de una agencia publicitaria situada en Nueva York en los años 60 del siglo pasado.
Es tanto lo que se puede decir de esta serie que merece un artículo exclusivo sobre ella, pero puedo decir que uno de los temas que más se destacan en la misma, y que conserva plena vigencia, es el de cómo la publicidad nos lleva a comprar y consumir cosas que realmente no necesitamos, haciéndonos creer que esas cosas nos harán felices.
No he querido entrar en detalles de las tramas de ambas series para evitar los molestosos spoilers, pero les garantizo que el tiempo dedicado a verlas no será en vano. Pueden conseguirlas en DVD y en línea.
Y hay más series a las que podemos dedicar unas líneas en artículos posteriores, pues en la medida en que nos hemos vuelto más exigentes como espectadores, han ido surgiendo verdaderas obras de arte en “la caja tonta” que parece que ya no lo es tanto.
¡Hasta la semana que viene!
*El autor es abogado, escritor y editor (epapelmache@gmail.com)
HBO, 1999-2006


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